Conociéndome a mí mismo: un enfoque testimonial y práctico
“Ha conocido a Dios aquél que se ha conocido a sí mismo”.
Bahá’u’lláh
Esta frase me ha motivado, y otras cosas también, a emprender el camino de escribir este texto. En mi historia personal, hubo dos técnicas que me han ayudado mucho –y una de ellas me sigue ayudando- a conocerme a mí mismo. La primera ha sido el psicoanálisis lacaniano, pues durante aproximadamente cinco años estuve asistiendo a consultas de psicoanálisis, mi experiencia con esta técnica fue maravillosa, gracias a esta experiencia muchos de mis complejos, o algunos para no exagerar, se desvanecieron y se hizo lugar una nueva persona mediante ese trabajo maravilloso de autoconocimiento.
No entraré en detalles teóricos sobre esta técnica, puesto que ya han pasado algunos años en que abandoné este trabajo y también mis estudios de psicoanálisis, y además de ello, la intención de este escrito no es hablar de la teoría del psicoanálisis, sino más bien de algunos aspectos, que, a la luz de mi experiencia, pueden estar asociados a las razones de su eficacia. Lacan fue un psiquiatra francés que estudió a profundidad las enseñanzas de Freud y las hizo avanzar, y era un hombre de gran erudición según dan cuenta sus enseñanzas, nutrió el psicoanálisis con aportes de diversos campos, entre ellos, la lingüística, la literatura, la antropología y la topología.
A continuación, compartiré una visión personal de mi experiencia, la cual no debe ser tenida como un testimonio oficial. Entre las cosas que creo que más me atrajeron al psicoanálisis lacaniano fueron los psicoanalistas, vi en ellos personas muy distintas al común, veía en ellos naturalidad, sensatez, sinceridad, humildad, buen humor, perspicacia y amabilidad. Esas cualidades fueron un imán para mí y en un momento dado, me enamoré por completo del psicoanálisis. El psicoanálisis es un camino que amerita práctica y estudio teórico, al menos para aquellos que están interesados en la formación, pues también hay personas que van al psicoanalista y nunca lo estudian, e igual se benefician.
En la medida en que iba pasando el tiempo y yo seguía con mis sesiones de psicoanálisis me empecé a sentir una persona más libre, menos acomplejada y más natural. Creo que este trabajo es un proceso bastante profundo de autoconocimiento, por eso es algo que puede llevar “muchos años”, una persona si decide llegar hasta el final del proceso puede tardar 10, 15, 20 o 30 años, no hay un número predeterminado, lo cual es lógico, cada persona es única.
En general, he notado que los psicoanalistas suelen ser bastante agudos en sus intervenciones con quienes asisten a sesiones con ellos, suelen ver cosas que pasan desapercibidas por un oído no entrenado, en general, a menos en mi experiencia, suelen ser muy buenos escuchadores y creo que ese es un aspecto clave de esta práctica, verdaderamente escuchan. Y esto es algo que es facilitado por el propio proceso por el que pasan los psicoanalistas, que también fueron ampliamente escuchados durante bastantes años, eso crea un efecto de vaciamiento en la mente, lo cual permite poder estar atento y concentrarse, porque cuando la mente está saturada, cuando hay mucho ruido, escuchar es difícil.
Luego vino Vipassana, tal cual como la enseña S.N Goenka, estando yo en una crisis tomé mi primer curso de Vipassana, y al terminarlo quedé impactado en como me sentía en comparación a como había llegado, entré con una nube negra encima de mí y salí sintiéndome radiante, limpio y renovado. De tal manera, que al conocer Vipassana me enamoré en la primera sentada, eso hizo que yo asumiera una firme determinación de establecerme en la técnica, lo cual implicaba varias cosas, principalmente meditar todos los días, dos veces al día, también implicaba abandonar ciertos hábitos como los trasnochos, el consumo de intoxicantes y por ende, separarme de las compañías con quienes hacía estas cosas.
Hoy día sigo practicando Vipassana y tengo certeza de que es una práctica extraordinaria, una excelente manera de conocernos a nosotros mismos. Esta práctica me ayudó a reencontrarme con Dios. Pues me fui haciendo progresivamente una persona más espiritual, y empecé a notar como sucedían cosas en mi vida extraordinarias para mi hasta ese momento. Luego de eso, surgió en mí el deseo de hablarles a las personas del Dhamma, el Dhamma, para resumir, podría decirse que es lo equivalente a Dios o a la Palabra de Dios en esta tradición. Y esto lo señala Goenka mismo, el mestro que enseña la técnica, pues una vez le preguntaron sobre si no necesitábamos del poder de Dios, y este respondió: “El Dhamma es Dios, purifica tu mente para que desarrolles el poder de Dios en tu interior”.
Pero veía algunos obstáculos, creo que hay muchas personas que no están listas para Vipassana, ya sea porque no están dispuestos o no pueden tomarse 10 días de su vida para hacer un curso, ya sea porque no tienen fe en estas cosas o que sencillamente, no corresponde para ellos tal proceso por cualquier razón que sea. Entonces, sentí una respuesta, los Testigos de Jehová tocaron a mi puerta y me ofrecieron un curso bíblico, el cual acepté, puesto que ya para ese momento yo estaba estudiando la biblia, pues me lo habían sugerido varias veces, solo que, me estaba costando mucho trabajo hacerlo solo, y también fue maravilloso, con ellos descubrí el poder maravilloso de la oración, de la predicación, de las escrituras sagradas y los beneficios de participar en una hermandad espiritual. Vi entonces que la meditación y la Palabra de Dios son aspectos del mismo Sendero, y descubrí también que la biblia es un instrumento excelente para aprender y enseñar a otros cosas de Dios.
Una de las experiencias más interesantes para mí ha sido la de orar después de meditar, pues cuando uno medita la mente se limpia y la oración es más profunda. Entonces, por medio de mis hermanos Testigos de Jehová recibí esta maravillosa bendición, creo que una forma de conocerse a sí mismo es conocer la palabra sagrada, debido a que según la biblia Dios nos hizo a su imagen y semejanza, de tal manera que tener el hábito de leer los escritos sagrados nos brinda la oportunidad de conocer los más profundo de nuestro ser, ya que en esencia cada uno de nosotros es un cristal puro que refleja las cualidades de la Divinidad.
Entonces, veo dos maneras de conocerse a sí mismo, de adentro hacia fuera y de afuera hacia adentro. Me explico, imaginemos una línea, en un extremo está el “yo” y en otro extremo está Dios. El propósito de la vida es este: acortar el espacio entre el “yo” y Dios hasta que el “yo” se desvanezca en Dios. Esto se ha expresado de muchas maneras, por ejemplo: Jesucristo dice: “El Padre y yo somos Uno” (Juan 10:30). Y también está escrito: “”Acérquense a Dios y él se acercará a ustedes” (Santiago 4:8). Entonces nos acercamos a Dios conociéndonos a nosotros mismos explorando el campo del “yo”, el campo de nuestra personalidad, de nuestra historia personal, de nuestros complejos y nuestras virtudes; también explorando los escritos sagrados y las enseñanzas de los seres santos y puros que dan a conocer la Voluntad de Dios mediante sus formas de vivir y sus palabras.
En la fe Bahá’í le llamamos a estos seres Manifestaciones de Dios, los cuales son como espejos limpios que reflejan las cualidades del Eterno. Entre ellos encontramos al Buda, a Cristo, a Mahoma y también a Bahá’u’lláh, a quien consideramos el Mensajero principal de Dios para esta época. Por su parte Dios se acerca a nosotros mediante la confirmación, el feed-back de Dios, lo cual se manifiesta de incontables maneras, respuestas maravillosas a nuestras oraciones, paz interior y facilidades en la vida cotidiana, es eso que hoy día se llama la conspiración del universo a tu favor, uno es testigo de como la vida se va haciendo mas sencilla y fácil de llevar, lo cual provee un sentimiento de confianza y tranquilidad, sin que ello signifique ligereza, procastinación o flojera. Todo lo contrario, cuando nos acercamos a Dios nos hacemos más trabajadores, trabajamos más pero de forma adecuada, porque nos esforzamos en estar en armonía con la Voluntad de Dios, y cuando eso ocurre es como ser llevado por la corriente de un río, el esfuerzo es ligero.
Retomando, he hablado de dos prácticas que me han ayudado en el proceso de conocerme a mí mismo, el psicoanálisis lacaniano y la meditación Vipassana tal cual como la enseña Goenka, con respecto a la meditación, además de lo ya mencionado, he visto algunas limitaciones, no de la técnica, sino de las personas que realizan cursos de meditación, es muy común que los que realizan cursos de meditación les cueste llevar la meditación a sus vidas cotidianas, en esta tradición se recomienda meditar dos veces al día una hora cada vez, en la mañana y en la tarde o en la noche. Mas muchos meditadores no logran llevar a cabo esta labor, en muchos casos la razón aparente es la falta de tiempo, pero yo creo que aunque el tiempo puede representar un obstáculo para muchas personas, no es un reto infranquiable, creo que más bien la razón se encuentra en otras cosas, veamos:
- Una comprensión incorrecta del propósito de la técnica: cuando se realiza un curso de meditación Vipassana se realizan algunas formalidades, entre ellas, está la de pedir al maestro que nos enseñe la técnica para experimentar la paz del Nibanna en nuestro interior, simplificando, este propósito no es otro que el que se menciona anteriormente, la disolución del “yo” en Dios, la realidad más sutil de la realidad.
Muchas personas que realizan estos cursos ven este propósito como inalcanzable, en cierta medida hay algo de realidad en esta idea, cada ser puede estar a una distancia distinta de esta meta, quizás algunos lo vean tan lejana que les parece imposible, pero la realidad es que este es el destino ineludible de todos los seres. Por eso el Báb, unos de los profetas de la fe Bahá’í dice: “En verdad, de Dios he venido y a Dios he de volver”. Es como una semilla de mostaza, no importa cuan pequeña sea, su destino, en las condiciones adecuadas, es ser un árbol enorme, y el árbol a su vez, volverá a l tierra de donde ha venido.
Esa falta de fe trae consigo que esta técnica sea vea como algo bueno que puede ayudar a tener mejor salud, mas paz interior y mejores relaciones interpersonales, y todo eso es cierto, esas cosas vienen con la práctica, pero son efectos secundarios, el fin último es el Nibanna, la disolución absoluta del “yo”, lo cual es, la Felicidad Suprema.
- Un apego muy fuerte a las cosas del mundo: cuando no tenemos una convicción y una comprensión clara del propósito de la vida entonces ponemos nuestra fe en los fenómenos contingentes del mundo, a saber, las posesiones, los placeres, el reconocimiento social, el poder, la belleza física, la acumulación de conocimiento o de riquezas materiales, la familia, la salud, los alimentos del cuerpo, entre otros. Ninguna de estas cosas son malas en sí mismas, pero cada una de ellas son medios y no fines. Cuando las ponemos en el centro de nuestra vida garantizamos una vida de sufrimiento y de felicidades efímeras. Esto es idolotría, dioses falsos, pues todas estas cosas son impermanentes. En cambio, la realidad Divina en su esencia es Eterna, Perfecta e Inmutable.
Para franquear estos obstáculos tiene que darse un proceso de desnarcisización, pues a veces el “yo” atado a los dioses falsos tiene tanto poder sobre nosotros que crea una barrera que no permite que nos beneficiemos abundantemente de una técnica de meditación como esta o también de actividades como el estudio de la palabra sagrada, la oración, el servicio a los demás y el compartir con amigos de inclinación espiritual. Esa obsesión con nosotros mismos crea una gran barrera, una gran muralla, es como una obstrucción psicoespiritual. Entonces ¿Que hacer?
El psicoanalista y meditador Roberto Longhi afirma que el proceso del psicoanálisis es una respuesta a esta situación, que este sirve para reconciliarse con el “yo”, conocer sus dominios y explorarlos para poder trascenderlos. El psicoanálisis es una práctica que va de la palabra al silencio, produce un efecto de vaciamiento que genera un espacio psíquico en donde lo espiritual se hace posible. El psicoanálisis nos enseña al noble hablar y al noble escuchar, va de la habladuría al buen decir, del monólogo a la conversación. Por eso Lacan afirma, citado por el profesor de meditación Vipassana y psiquiatra Paul Fleischman, que el psicoanálisis conduce al sujeto al punto en donde empieza el verdadero camino.
Me parece que en cierta medida, puedo dar testimonio de la veracidad de lo anterior, pues cuando hice mi primer curso de meditación Vipassana ya había pasado por aproximadamente cinco años en psicoanálisis, y considero que esa fue una de las circunstancias que me facilitaron incorporar la práctica de la meditación desde mi primer curso. Suelo pensar que la relación entre el psicoanálisis y la meditación Vipassana es como alguien que desee caminar por una montaña hasta llegar a la cima pero no practica el senderismo y además sufre de obesidad, entonces, antes de subir la montaña decide entrenar y cambiar sus hábitos para tener mejores condiciones físicas, y una vez que ha logrado esto entonces sube a la montaña, y lo hace con éxito.
Creo que lo que pasa con muchas personas que hacen cursos de Vipassana es que no han realizado este trabajo previo de autoconocimiento profundo, y por eso quizás les cuesta tanto. También creo que ese trabajo previo puede haberse dado de afuera hacia dentro, y hablo en el sentido anteriormente expuesto, es decir, que esa persona, previo a su curso de meditación, tuviese ya una moralidad y hábitos espirituales bien establecidos, esto sin duda es de gran ayuda, doy testimonio de ello, puesto que desde que empecé a estudiar la biblia y a compartir con los Testigos de Jehová, y luego a hacer lo mismo con las enseñanzas Bahá’ís, mi práctica meditativa se ha fortalecido y se me ha hecho más fácil trabajar con mayor seriedad en los cursos de meditación Vipassana, los escritos sagrados me han ayudado a comprender mejor la técnica.
Ahora bien, el psicoanálisis también tiene sus limitaciones, exploremos algunas de ellas: esta actividad implica una remuneración económica, por supuesto que esto no es malo en sí mismo, mas bien en este contexto es saludable y necesario, es el sustento de muchos psicoanalistas y este es un trabajo digno y maravilloso. Pero me refiero a que esto puede limitar a algunas personas de este servicio, aunque, debo ser justo, los psicoanalistas que he conocido son personas que aman su trabajo y ofrecen muchas facilidades a sus pacientes, a algunos inclusos los atienden sin cobrar nada cuando estos pasan por dificultades económicas.
Otra de las limitaciones del psicoanálisis son los psicoanalistas mismos, que son imperfectos y por lo tanto cometen errores, y esto es un punto importante, debido a que una persona que asiste regularmente a una consulta psicoanalítica genera hacia esto lo que ellos denominan transferencia, la transferencia no es otro cosa que amor, los analizantes (así son llamados) tienden a enamorarse del psicoanalista, a idealizarlo, y no hablo de amor pasional, sino de amor por admiración. La transferencia es un vehículo para el trabajo psicoanalítico, no hay nada de malo en ello, es útil para que el analizante se comprometa con su proceso, pero acá el punto es que en tanto imperfectos, a veces los psicoanalistas pueden decir o hacer cosas que influyen de manera negativa en sus pacientes.
Con esto no quiero quitarle mérito al psicoanálisis, considero que es una práctica maravillosa y muy útil, y además, en nuestra vida cotidiana estamos constantemente expuestos a nuestros propios defectos y a los defectos de nuestros semejantes. Por eso en la tradición psicoanalítica se le da mucha importancia al propio proceso analítico del psicoanalista, estos cuando abren sus consultorios ya han concluido su propio análisis, y esto, junto con la escuela analítica, es la garantía del psicoanálisis, lo cual mitiga los efectos negativos de la imperfección de los psiconalistas. Lo cual hace que el balance sea muy provechoso para los analizantes.
Esto es un punto importante a destacar, puesto que es una diferencia con la psicología, un psicólogo no amerita haber pasado por un proceso como el descrito anteriormente, basta que tenga un título y con ello tiene autoridad para abrir una consulta clínica. Y esto puede llegar a ser muy imprudente y peligroso, por eso se escuchan tantos testimonios de pacientes que hablan de cosas absurdas que han dicho los psicólogos. Pero no profundizaré en este punto, pues no es el tema en cuestión.
Otra desventaja del psicoanálisis es que las consultas suelen ser a una hora y un día o varios días específicos, el psicoanalista no te puede atender a cualquier hora, por supuesto, esto forma parte de la condición humana y de la realidad interpersonal. Pero la razón por la cual doy importancia a los elementos descritos anteriomente es porque he pensado en dos técnicas que están libres de estas limitaciones y pueden ser accesibles a muchas personas, a saber, no requieren de dinero, ni el que escucha es imperfecto, ni tiene limitaciones de tiempo ni de lugar, ¡Sí, has adivinado! estoy hablando de la oración, la única condición para estas técnicas es la fe, basta con que tengas certeza de que al orar Él te escucha y si corresponde, también te responde, incluso su silencio es una respuesta.
Pero hablo de una forma particular de oración, hay muchas formas de orar, pero te quiero plantear una forma de orar que te puede ayudar en particular en tu proceso de conocerte a ti mismo, el psicoanalista Roberto Longui plantea que para profundizar en la realidad del no-yo, es decir, en el campo de lo espiritual, hay que trascender el campo del yo, atravesar el campo de la palabra para beber de la realidad del silencio, y añado, explorar la realidad de la historia personal para comprenderse y amarse a uno mismo, desarrollar una ética del autocuidado, tomando consciencia de lo que está escrito, que el cuerpo es el templo del Espíritu (1 Corintio 6:19), por lo tanto, todo lo que hacemos que daña nuestro cuerpo y nuestra mente nos aleja de Él, de la Esencia Inmutable, de la Realidad Increada, de la Consciencia Infinita.
Entonces, esta propuesta surge de la idea de combinar el psicoanálisis con la oración, es decir, hacer de Dios tu Psicoanalista. ¿Y esto que quiere decir? Pues esto: cuando una persona asiste a una consulta psicoanalítica lo que hace es sentarse en un mueble o recostarse en un diván y empezar a hablar de si mismo o de sus situaciones, sus problemas y de sus seres cercanos. Freud fundó la regla de la asociación libre, que personalmente interpreto como el acto de hablar con la confianza de que nada que sea dicho será usado en mi contra, es una forma de hablar que suele darse de manera natural cuando estamos con una persona a quien amamos y con quien sentimos intimidad. Por lo tanto, hago una corrección, otro requisito de esta técnica es amar a Dios y haber desarrollado cierta intimidad con Él, esto nos permitirá hablar de manera natural, con la misma o con mayor confianza con la que hablamos con nuestros seres cercanos y amados.
Incluso, puede ocurrir que al principio te sientas incómodo y no sepas que decir, eso puede pasar y no tienes que desanimarte con ello, esta práctica puede ayudarte a crear con Dios una relación estrecha y personal, sin intermediarios, salvo el de la palabra. Y ten presente lo siguiente, un requisito para tener una amistad estrecha con Dios es la rectitud, debes esforzarte por llevar un estilo de vida moralmente correcto, esforzarte por no realizar acciones que dañen a otros ni te dañen a ti mismo, esa es la base de la amistad con Dios, y no lo digo yo, lo dice Su Palabra. “La amistad íntima con Jehová es para quienes le temen, y él les da a conocer su pacto” (Salmo 25:14).
Temor de Dios no es miedo, eso sería absurdo, lo que ocurre es que en hebreo la palabra que se ha traducido por temor tiene dos significados, miedo y terror o admiración, respeto, obediencia y reverencia; la razón por la cual estas palabras están emparentadas -creo- es por el contexto histórico, en tiempos bíblicos precristianos la humanidad de esa parte del mundo estaba sumergida en la inmoralidad y las acciones terribles, por lo tanto, Dios se manifiesta ante ellos con rostro severo y terrible, pues es el único idioma que las gentes de ese contexto podían entender, esto ha hecho que muchas personas se confundan pues no entienden porque el Dios que se describe en las escrituras Hebreas no se parece al Dios misericordioso y cariñoso del que nos habla Jesús, es el mismo Padre, solo que Su Palabra, tal cual como enseña Bahá’u’lláh, se transmite de acuerdo a la medida de sus criaturas, no a la de Él y a la de Sus Mensajeros.
Entonces, continuando, hemos dicho que Temor de Dios significa rectitud moral, esto es indispensable para la oración, porque la rectitud moral nos ayuda a tener una mente relativamente calmada y concentrada. Y también, nos facilita la comunicación con Él. Eso es como cuando los niños han hecho cosas malas y lo saben, frente a sus padres se sienten avergonzados, bajan la cabeza y hasta les cuesta hablar, así mismo nos pasa con Dios, claro, somos pecadores y esta actitud de vergüenza, en cierta medida, suele estar presente, por eso cuando oramos a veces inclinamos la cabeza y nos arrodillamos. Pero lo importante es hacer nuestro mejor esfuerzo por vivir rectamente y ser conscientes de que Dios es Perdonador y Misericordioso y sabe que estamos hechos de polvo (Salmo 103:14).
Otra cosa que puede ayudarnos a practicar esta técnica es empezar y terminar nuestra oración con alabanzas, las alabanzas a Dios son un regalo maravilloso de Él para nosotros, en realidad, ninguna alabanza a Dios es digna de Él, Él está por encima de cualquier alabanza y cualquier atributo; sin embargo, al alabarlo a Él engalanamos nuestra mente y purificamos nuestro corazón con las virtudes más excelsas y también expresamos nuestra gratitud hasta donde la palabra nos lo permite. Esta práctica la he aprendido con las oraciones Bahá’ís, pues estas suelen empezar y terminar con alabanzas, lo he practicado en mis oraciones personales y doy testimonio de lo útiles que son. Claro está, la mayor alabanza a Dios son las acciones puras y los pensamientos rectos, pero las palabras que se fundamentan en acciones puras ejercen un poder maravilloso y edificante.
Con respecto a los asuntos logísticos de esta técnica su naturaleza hace que pueda ser muy flexible, si quieres puedes pautar una hora y uno o varios días específicos, en el que te ubicas en un espacio cerrado y puedas estar a solas, y sencillamente empiezas a hablar con tu Padre y Madre, le cuentas todo lo que desees, tus angustias, tus miedos, tus frustraciones, algún conflicto con algún semejante, lo que tu desees. El tiempo también lo estimas tú. Con la práctica empezaras a notar que a veces Él te responde de una forma que tu identificarás, y eso te hará quedarte en silencio, siento que en esos momentos Él te está respondiendo, quizás sea algo tan sutil que no seas consciente de ello, pero algo en tí te llevará a quedarte en silencio, y una parte de tu ser recibirá su consejo, su aliento, su caricia, o quizás su reprensión.
Igualmente, si estás atento, empezarás a ver como Él te responde mediante otras personas, o mediante incontables medios, tu único trabajo es estar atento, no se trata de estar ansioso o a la expectativa de sus respuestas, esto mas bien cegará el ojo de tu corazón, cuando me refiero a que estés atento, es que hagas tu mejor esfuerzo por estar concentrado y consciente en cualquier cosa que hagas, en escuchar a tus semejantes sin interrumpirles, por más que la ansiedad, la incomodidad o el desagrado estén presentes, ellos son un medio por excelencia para que Él te responda, Bahá’u’lláh enseña que en todas las cosas hay un signo de Dios, por eso muchas veces los ejemplos y parábolas son tan útiles para explicar las cosas de Él.
Uno de mis profesores de meditación suele contar esta historia, en una ocasión alguien le pidió al Buda un buen augurio para el futuro, y Él respondió que un buen augurio para el futuro es una mente pura en el momento presente. Así, esfuérzate para mantener tu mente en el aquí y el ahora, por desactivar el piloto automático y permanecer con las manos en el volante, no importa que lo que estés haciendo lo hayas hecho millones de veces, si estás lavando un plato se consciente de que estás lavando un plato, si estás caminando se consciente de que estás caminando, si estás comiendo se consciente de que estás comiendo, esa es la enseñanza del Buda. Claro, las impurezas de nuestra mente muchas veces toman el control y nos sacan continuamente de ese estado, no importa, la ciencia de la paz está en la paciencia y la persistencia, como dice mi maestro Goenka, “con paciencia y persistencia, sin duda lo lograréis”.
Esta práctica será muy útil para que el Amor de Dios se encienda en tí y te sientas motivado a servirle con una pasión progresivamente creciente, y te aseguro, vivir para servirle al Todopoderoso, es lo único que puede darte verdadera felicidad. Al final de cuentas, Él es Tu esencia, Tu Causa, Tu Propósito y tu Fin.
Tú decides como llevar a cabo esta práctica, personalmente lo hago cuando siento la necesidad y el deseo, no en horarios y días planificados, pero si tú deseas hacerlo de manera planificada, adelante, tu sabrás de que manera te puede venir mejor, puedes probar y ver. Lo que si te aconsejo, es que si deseas utilizar esta práctica como una herramienta para conocerte a ti mismo, lo hagas frecuentemente. Y no te dejes arropar por las actividades cotidianas, no veas esto como algo accesorio y prescindible, sino como un alimento fundamental para tu alma, esta práctica puede ayudarte a tomar mejores decisiones, de manera tal que no quedes envuelto en incontables compromisos que saturaran tu mente y te quitarán ese espacio necesario de paz y tranquilidad. Orar es un gran deleite, incluso si esta forma de orar no te viene bien no te prives del regalo maravilloso de la oración, hazlo de la forma en que te sientas mejor, siempre con actitud respetuosa hacia Él, claro está, y siempre con consciencia, no hagas de la oración un ritual mecánico, eso no te servirá de nada, incluso puede terminar alejándote de Dios.
Otra técnica que quiero compartirte surge de la combinación del psicoanálisis, la oración y el diario personal. Le he llamado “Diálogo con la consciencia”; se trata sencillamente de establecer un diálogo contigo mismo escrito, en donde realizas un esfuerzo de división en entre tu “yo” y tu “Ser”, y básicamente el proceso que propongo es similar al anterior, escribe aquello que te sientas instado a expresar: tus dilemas, tus enredos, tus frustraciones, tus deseos, lo que desees, cualquier cosa que desees escribir, y antes de ello realiza una oración sincera para pedirle a Él que te guíe y que tu ego no se entrometa cuando el Ser tome la palabra, algo que puede ayudarte es tener presente que el Ser no juzga, no condena, no guarda rencor hacia nadie, no te invitará a hacerle daño a nadie, pues la naturaleza del Ser es la serenidad y el amor, el Ser es la manifestación de Dios en ti mismo, porque en esencia tú eres Él. En palabras de Rumí:
“¿Para qué estoy buscando? Soy igual que Él. Su esencia habla a través de mí. ¡Es a mí mismo a quien he estado buscando!”
Y recito las palabras de Jesús: “El Padre y Yo somos Uno” (Juan 10:30).
Sin embargo, esta realidad es constatada por los Santos porque la experimentan en sí mismos, la disolución del “yo” en Dios, como la gota de agua que regresa al mar, por eso, el propósito de la vida es amar, mientras mas hayas profundizado en la realidad de ti mismo, mayor será la cercanía con Él. Bahá’u’lláh nos dice que somos como hojas de un mismo árbol, y los seres humanos tenemos el don de enfocar nuestra mirada hacia el interior, de forma tal que cuando alguien se conoce a sí mismo y profundiza, se está acercando a la raíz y a la fuente, a su origen, a su esencia.
Llegarás a la raíz de todas las cosas y tal como dijo El Maestro, conocerás la verdad y la verdad te hará libre (Juan 8:32).
Comentarios
Publicar un comentario