Mente, Cuerpo y Espíritu
En los
seres humanos, la mente y el cuerpo mantienen relaciones permanentes de
influencia recíproca. Por lo tanto, si hablamos de salud mental es bueno tener
presente también la salud física. En este artículo, meditaremos en torno a
algunos aspectos, que pueden ayudarnos a mantener una buena salud física y
mental, y tomaremos en cuenta La Palabra de Dios. Empecemos por la salud
física:
1. Cuida tu microbiota y tu alimentación: la microbiota son los incontables seres que habitan en
nuestro cuerpo, se dice que por cada célula que tenemos hay nueve
microrganismos. Por lo tanto, cada uno de nosotros es como un rey de una gran
nación, y la microbiota son nuestros ciudadanos. Un buen rey cuida de sus
súbditos y procura su bienestar, igualmente hace lo posible por mantener a raya
a los ciudadanos que causan malestar, desequilibrios y desorden.
Una parte
importante de la microbiota habita en los intestinos, y esto es muy importante,
pues estudios refieren que el 95% de la serotonina (un neurotransmisor
relacionado con el bienestar) se genera en ellos, y la microbiota juega un rol
fundamental en su producción.
La mejor
forma de cuidar nuestra microbiota es llevar una alimentación lo más sana
posible, pues se sabe que hay ciertos productos y sustancias, que pueden
perjudicar el equilibrio microbiano de nuestro cuerpo. Entre ellos encontramos
el azúcar refinada, los acetites vegetales refinados y la margarina, los “alimentos”
ultraprocesados, el alcohol y los fármacos.
De igual
forma, las frutas, los alimentos integrales y los alimentos fermentados como el
yogurt y el kéfir, pueden favorecer nuestro equilibrio bacteriano. Hoy en día hay
quienes afirman que casi todas las enfermedades comienzan por el intestino, por
eso es importante mantener una buena alimentación. Existen diversos modelos de
alimentación saludable, algunos promueven el consumo de carnes, otros más bien
incentivan limitar su consumo, algunos promueven limitar el consumo de
carbohidratos y otros fomentan el consumo de carbohidatros en presentaciones
orgánicas, a saber, frutas, granos integrales, legumbres y tubérculos.
Cada
persona debe decidir que es lo mejor para su salud, y es bueno informarse al
respecto, pero también hay que evitar la tendencia a obsesionarse con la salud
o con determinados esquemas de alimentación, pues eso puede apartarnos de
nuestra propia realidad y hacernos inflexibles, y nivel mental y físico la
obsesión es muy perjudicial.
2. Mueve tu cuerpo: Nuestro cuerpo fue hecho para el movimiento, por lo
tanto, el ejercicio es fundamental para la salud física y mental. Se ha dicho
que hace unos 200 años, las personas solían caminar un promedio de 15 km al día
y consumían menos calorías del promedio que se consumen actualmente, hoy día
muchas personas caminan menos de 2 km al día. Es decir, en nuestros tiempos
suministramos más combustible a nuestro cuerpo, pero le damos menos uso, el sedentarismo
es una de las causas de la obesidad y de muchas enfermedades.
No es
necesario practicar determinados ejercicios, caminar unos cuantos kilómetros al
día sería suficiente. Claro está, cada persona tiene circunstancias diferentes,
lo importante es procurar espacios frecuentes en el que le demos a nuestro
cuerpo, el movimiento que tanto requiere.
Cuidar de
nuestro cuerpo es algo que no deberíamos dejar de lado, hacerlo forma parte de
nuestro servicio sagrado a Dios, pues cuando un ser amado nos da un regalo
todos nos esforzamos en cuidar con celo de él, con mayor razón si el benefactor
es nuestro Padre Celestial. En consonancia, el apóstol Pablo refiere que el
cuerpo es el templo del Espíritu Santo, y que aquel que destruye el templo de
Dios, Dios lo destruye a él, porque el templo de Dios es Santo (1 Corintios
6:19; 3:16-19).
3. Ten buenos amigos y buenas
conversaciones: Se ha dicho que
una vez, Ananda (el asistente del Buda), le dijo a este lo siguiente: “Maestro,
he pensado que los amigos son la mitad del camino”; y el Buda lo reprendió, le
dijo: “No hables así Ananda, los amigos son todo el camino”. Sin duda, los
buenos amigos son el mayor tesoro, y Dios es el mejor amigo que podemos tener,
por eso es bueno tener buenos hábitos espirituales que nos permitan cultivar
una estrecha amistad con nuestro Creador.
Tener
buenos amigos entre nuestro prójimo también es maravilloso, en la biblia dice:
“Así como el hierro afila el hierro, un hombre hace mejor a su amigo”
(Proverbios 27:17). Ahora bien, debes ser cuidadoso en elegir a tus amistades,
pues, tal como dijo el Apóstol Pablo: “las malas compañías echan a perder las
buenas costumbres” (1 Corintios 15:33).
Algo que
puede ayudarte a cultivar buenas amistades y tener buenas conversaciones es
desarrollar la habilidad de la escucha activa, escuchar activamente es prestar
atención a lo que se te dice, evitando interrumpir, juzgar o aconsejar
apresuradamente; en especial, esto último es bueno evitarlo, de hecho, muchas
veces basta con escuchar a alguien para que esa persona se sienta mejor o
aclare su situación.
Ahora bien, es cierto que socializar en grupo puede
ser divertido y agradable, pero ten presente que las conversaciones más
profundas suelen darse entre dos personas, máximo tres, porque mientras mas
participantes haya en una conversación informal, menos posibilidad tendrá cada
quien de expresarse ampliamente.
Las buenas
conversaciones te ayudaran a conocerte a ti mismo y a tus amigos. Y eso es muy
importante, porque ese conocimiento es la base del amor, pues no se puede amar
lo que no se conoce. Y más importante aún, ten presente estas palabras de
Bahá’ulláh, “Ha conocido a Dios aquél que se ha conocido a sí mismo”.
Mientras más profundices en la verdad de quien realmente eres, más
experimentarás alegría, paz y deseos de servir a Dios.
4. No te enrolles: aún vivimos en un mundo en donde se nos bombardea
constantemente a consumir y a tener muchas cosas. Pero la realidad es que
cuando le entregamos nuestro corazón a las ambiciones materiales, inevitablemente
nos apartamos de Dios.
El efecto
que eso ha engendrado no es otro que la ansiedad y la violencia generalizada,
puesto que la codicia puede llevarnos a saturarnos de responsabilidades, de
deudas o a trabajar en exceso, y eso a su vez nos lleva a descuidar el amor a
nuestro prójimo, de hecho, eso hace que veamos a nuestro prójimo como nuestro
adversario. Y no hay dada más triste que ver a un hermano como si fuera un
enemigo.
Claro, si
tus decisiones te han llevado a adquirir muchas responsabilidades no debes
descuidar ninguna de ellas, cumple con ellas lo mejor que puedas y así le
estarás sirviendo a Dios. Sea cual sea tu circunstancia, en ella están las
coordenadas perfectas para tu desarrollo espiritual. Tener buenos hábitos
espirituales puede ayudarte a no dejarte atrapar por las incontables trampas
del mundo; ten presente que tu mente está constantemente procesando
información, por lo tanto, los contenidos mentales dependen de la información
que consumas.
Por estos
motivos, debes ser cuidadoso con la información a la que te expones, es decir,
con las cosas que ves, con las cosas que lees y con las cosas que oyes. En la
biblia encontramos este consejo: “¿Cómo puede un joven mantener limpio su
camino? Estando en guardia y actuando de acuerdo a tu palabra” (Salmo
119:9). Si tienes el hábito de beber de los manantiales de las escrituras
sagradas, la Palabra de Dios progresivamente irá minando tu mente, y te llegará
a pasar lo mismo que al rey David, que dijo: “¡Cuánto amo tu ley! Reflexiono en
ella todo el día” (Salmo 119:97). La Palabra de Dios es tu mayor protección, es
la fuente de la sabiduría y la garantía de una vida pacífica, saludable y con
propósito.
5. Haz un buen uso de la palabra: La palabra es un instrumento muy poderoso, de hecho,
el universo entero fue hecho mediante La Palabra de Dios. Nuestro Padre ha
compartido ese don con nosotros, es bueno que le demos el mejor uso posible,
pues con las palabras podemos crear o podemos destruir.
Bahá’ulláh
nos insta en el Kitáb-i-Iqán a abstenernos de la conversación ociosa, y nos
dice que la lengua es un fuego latente y el exceso de palabras un veneno
mortal. En la biblia también encontramos lo siguiente: “Cuando se dicen muchas
palabras, es inevitable pecar, pero el que pone freno a sus labios actúa con
prudencia” (Proverbios 10:19).
Es verdad
que vivimos en entornos en donde la conversación ociosa es una norma, esa es
una de las razones por las que llevar estos consejos a la práctica puede ser
tan difícil. Algo que puede ayudarnos, primeramente, es hacernos conscientes de
lo importante que es cultivar la prudencia y la parquedad, y en segundo lugar
esforzarnos con templanza en desarrollar estas cualidades, con mucha paciencia
y sin perder la esperanza, así como los bebés cuando aprenden a caminar, que se
caen incontables veces, pero siempre se levantan.
Si lo
hacemos así, con el pasar del tiempo nos daremos cuenta de que cada vez se nos
va haciendo más fácil controlar nuestra lengua, y nos daremos cuenta también
que eso nos trae paz, porque la habladuría es algo que agita mucho nuestra
mente, y es como un círculo vicioso, mientras más lo practicas, más esclavo
eres de él.
6. Acepta tus emociones: Poner en práctica los consejos anteriores puede
ayudarnos a tener un buen equilibro de nuestras emociones, sin embargo, las
circunstancias de la vida son tales, que a veces pasamos por situaciones que
nos llevan a vivir estados de ansiedad, estrés, miedo o angustia en
proporciones difíciles de soportar. ¿Qué podemos hacer en estas circunstancias?
Bueno, si
tu salud mental se está viendo significativamente afectada, es bueno, si tienes
la posibilidad, que busques ayuda profesional, pero si no es el caso, si se
tratase de una situación puntual, lo mejor que puedes hacer es aceptar tu
situación, ten presente que todo en la creación es contingente, todo es
pasajero, todo es impermanente, así como vino así también ha de irse. Muchas
veces los problemas se agudizan por el miedo y no por el problema mismo.
Por ejemplo, las personas que sufren de ataques de
pánico, cuando empiezan a sentir síntomas relacionados al ataque, se asustan, y
a su vez ese susto facilita que el ataque de pánico se desencadene. Las
emociones negativas son negativas porque las creemos negativas, pero en si
mismas ni son negativas ni positivas, sencillamente son fenómenos mentales
pasajeros, por lo tanto, si sientes tristeza o rabia o cualquier otra cosa, no
te juzgues, vive eso y déjalo pasar, y haz tu mejor esfuerzo por no dañar a
nadie ni culpar a nadie de lo que estás viviendo. Pues en realidad, tu eres
plenamente responsable de todo cuanto experimentas al nivel de tu mente.
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