¿Donde está Dios?
Se nos ha enseñado y somos testigos de que Dios es
Omnipresente. ¿Qué significa esto? Significa en términos de nuestra realidad
que está en todas partes, pero en términos profundos significa que Dios está en
el momento presente, lo único que es real, porque el tiempo y el espacio son
realidades aparentes, solo existentes en cierto campo de la realidad, pero en
la realidad más sutil solo hay el ahora, la eternidad. ¿Qué implicaciones tiene
esto para nosotros?
El apóstol
Pablo aconseja “Cuando hagan cualquier trabajo, háganlo de todo corazón, como
si estuvieran trabajando para el Señor y no para los seres humanos” (Colosenses
3:23) [PDT]. ¿Qué significa hacer las cosas de todo corazón? Recuerde momentos
en su vida en que está disfrutando plenamente de algo, sea lo que sea, que está
compartiendo con un ser amado, que está orando, que está cocinando, lo que sea,
algo que usted disfrute mucho. ¿Qué suele pasar en estos momentos? Que usted se
olvida del pasado y del futuro, que incluso se olvida de sí mismo, su atención
está en el aquí y en el ahora, lo único que le interesa es ese momento.
Eso
significa hacer las cosas de todo corazón. Ahora bien ¿Qué es el corazón? Obviamente
no solo es el pedazo de carne que palpita constantemente en nuestro pecho, por
corazón puede entenderse el centro de nuestro Ser, que, por cierto, no es
nuestro en tanto individuos separados unos de otros, pues nos trasciende y es
indivisible, es como en las frutas, cuyo centro suele estar en el centro y en
ella está la semilla. En la biblia encontramos: “Más que cualquier cosa,
protege tu corazón, porque de él brotan las fuentes de la vida” (Proverbios
4:23) [TNM]. Igualmente, Él nos dice, mediante Su Pluma: “Tu corazón es mi
morada, santifícalo para mi descenso. Tu espíritu es el lugar de mi revelación,
purifícalo para mi manifestación” (Las Palabras Ocultas- Bahá’u’lláh, N°59).
En la
física cuántica también se ha descubierto una realidad que da cuenta de esto,
que los átomos son 99,999% vacío y el 0,0001% es materia normal. Y también, en
el psicoanálisis lacaniano hay un concepto maravilloso que explica una paradoja
de la psique humana: extimidad. Esta palabra es un neologismo que combina
exterior e interior, para referirse a que lo más íntimo está en el exterior.
Como una rosquilla, cuyo centro es externo a ella. Esta realidad que es
innombrable, es nuestra esencia, nuestro Amigo Eterno, nuestro Compañero Leal.
Y nosotros estamos en sintonía con esa realidad cuando somos conscientes de
nuestra realidad presente. Pero somos adictos al pasado y al futuro, somos
adictos al placer y enemigos del dolor, adictos a la abundancia y enemigos de
la sencillez.
Estos
condicionamientos, nos cercenan del maravilloso regalo de la Vida Eterna, la
Vida Eterna es Aquí y Ahora, todo lo demás es muerte. El apóstol Pablo dice: “…he
aprendido el arte de estar contento sean cuales sean mis circunstancias. Sé
vivir con poco y se vivir con mucho. En todo y en cualquier circunstancia he
aprendido el secreto de estar satisfecho y de pasar hambre, de tener mucho y de
no tener nada” (Filipenses 4:11-12). Dios es nuestro único tesoro, y está tan
pero tan cerca de ti que es imposible que lo veas.
Si ya
tienes una amistad con Él síguela cultivando, y sigue descubriendo su Voluntad
momento a momento, pues en cada instante él está revelándote su Verdad. Hasta
en las cosas más pueriles de la vida. Todo lo que haces es importante: lavar un
plato, saludar a un amigo, caminar al supermercado, defecar, cepillarte los
dientes, planchar la ropa. Por eso está escrito: “Presta constante atención a
tu conducta y a tu enseñanza. No dejes de hacer estas cosas, pues así te
salvarás a ti mismo y también a los que te escuchan” (1Timoteo 4:16) [TNM].
Ahora bien,
aunque este estado es natural, como estamos tan acostumbrados al piloto
automático y saturados de tantas actividades, nos cuesta mucho permanecer
atentos a cada cosa que hacemos. En la biblia aparece que Dios le dijo a un
ángel: “Por tu gran volumen de negocios, te llenaste de violencia y empezaste a
pecar” (Ezequiel 28:16). Esta tendencia a saturarnos se debe a ignorar que la
felicidad no está en los sueños, la felicidad está en la realidad, en el aquí y
en el ahora, más allá del placer y del dolor, más allá de la riqueza y de la pobreza,
en la compañía y en la soledad. Este es el secreto. No hay ningún otro. Ahora
bien, esta actitud mental ha de ser cultivada, es una semilla como un grano de
mostaza, que al crecer es el mas grande de todos los árboles, esto es el Reino
de Dios (Mateo 13:31-32).
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