La meditación Vipassana y la fe Bahá’í

 

     La Divina Providencia, ha revelado los misterios más profundos del Ser, todos los seres han sido convocados a aquello que ninguna lengua puede pronunciar, ningún pensamiento concebir y ninguna morada contener. Los sabios que han cruzado a la otra orilla proclaman las Buenas Nuevas del Reino, y ofrecen un camino que trasciende los cielos y toda cosa que sea impermanente, declaran que tal situación es algo muy poco común en el Reino del ser y que una nueva oportunidad como esta ocurrirá en un tiempo inmemorial. Pero la mayoría yace dormida en los esplendores de la materia, deleitándose con los juguetes de las tecnologías, con los placeres sensoriales y con los ingeniosos espectáculos del mundo.

     El mundo está sumergido en la ansiedad, en la angustia, en el odio, el desasosiego y las enfermedades. El cinismo se ha vuelto norma, la negligencia es causa de gracia y de alabanzas, la autodestrucción es vista como una gran virtud y la adicción al humor opaca las mentes y nubla los corazones. Son muy pocos los que realmente aprecian las maravillosas dádivas de este día y comprenden la gran oportunidad que ha sido manifiesta. Jesús ha dicho: “Entren por la puerta estrecha, porque ancha es la puerta y espacioso el camino que lleva a la perdición, y muchos son los que entran por ella. Pero estrecha es la puerta y angosto el camino que lleva a la vida, y pocos son los que la encuentran” (Mateo 7:13-14).

     Si la puerta que conduce a la vida es estrecha entonces habrá que deshacerse de mucho equipaje, por eso Jesús también dice que difícilmente un rico entrará en el reino de los cielos (Mateo 19:23). Y esto no solo obedece a riqueza material, sino más bien a un tipo de riqueza que es llamada riqueza, pero en realidad no es más que un montón de basura, a saber, la abundancia de deseos e impurezas mentales que nos someten a círculos viciosos de sufrimiento, que fungen como velos que nos hacen tener una perspectiva de la realidad basada en nuestro propio entendimiento y el entendimiento de una determinada cultura.

     Esta mal llamada riqueza hace estrago en nosotros, incluso siendo buscadores sinceros y personas que anhela la cercanía a Dios, puesto que nos esclavizan. Así, resulta entonces que hacemos nuestro mejor esfuerzo por seguir los preceptos divinos y sin darnos cuenta nos vemos envueltos en conversaciones ociosas y banales, anhelando las cosas del mundo, preocupados por los asuntos cotidianos, destruyendo nuestros cuerpos con productos alimenticios que son como venenos  que nos matan lentamente y cayendo en polémicas inútiles, disputas y envueltos en la tristeza y la ansiedad. ¿Qué ocurre? ¿Por qué siendo tan maravilloso el Sendero de Dios estamos tan apegados a este mundo de lo contingente?

    Un ser maravilloso encontró la respuesta a esta incógnita y ofreció el remedio universal para ello, un remedio que hoy día se está extendiendo por toda la tierra. Ese ser maravilloso es el Buda Gautama, quien examinándose escrupulosamente a sí mismo encontró la causa de la desdicha y se liberó de todas y cada una de las ataduras de su mente, para Él, el conocimiento de todas las cosas se hizo claro y en Él se cumplieron estas palabras de Bahá’u’lláh: “Ha conocido a Dios quien se ha conocido a sí mismo”. Fueron muchos en la India los que siguieron sus enseñanzas y encontraron en ella los mismos frutos del Maestro, a saber, la plena Iluminación, que consiste en un estado del ser en el que se hace imposible la realización del pecado, en donde todos los actos, todos los pensamientos y todas las palabras son puras.

     Con el pasar de los años, sus enseñanzas se fueron tergiversando al punto de que el método mediante el cual el Buda alcanzó la Iluminación quedó empantanado y arrojado al olvido, quedando solo disponibles sus palabras pero no la esencia del aspecto práctico de su enseñanza en su prístina pureza. Este método consiste en una forma de autoexaminación sistemática de la mente usando el cuerpo como elemento base, personalmente considero que Vipassana, en términos modernos, es física cuántica aplicada a la psicología, ya que la física cuántica ha demostrado que la observación tiene efectos sobre la materia que pueden ser constatados, mediante la observación la materia se transforma en energía, altera su estructura. Así, en términos básicos, Vipassana consiste en observar el cuerpo de manera sistemática, producto de lo cual el practicante se libera progresivamente de las ataduras de su mente.

     Hoy en día y también desde la antigüedad, es bien sabido que el cuerpo es el reflejo de la mente, en el sentido de que en el cuerpo se registran las cualidades de la mente y se manifiestan, por eso se sabe que muchas enfermedades que padecemos están relacionadas con alguna tendencia psíquica. Y Vipassana revierte este proceso de anudamiento que se basa precisamente en la ignorancia de lo que ocurre en nosotros mismos cuando realizamos acciones incorrectas (desde el punto de vista de la ley divina). El Buda descubrió que la causa de la desdicha se basa en esta ignorancia, que se traduce en adicción al placer y aversión al dolor. Muchas veces este proceso ocurre a niveles tales que pasan desapercibidos para la conciencia, de tal manera que nos esclavizan y no nos percatamos de ello salvo cuando ya la acción ha sido cometida, y en ocasiones cuando los frutos de ello dan como resultado un gran sufrimiento, e incluso, muchas veces ni siquiera puede verse la relación causa y efecto, por lo cual ocurre que la persona se siente víctima de una gran injusticia frente aquella dificultad por la que está pasando.

     Vipassana es un método que consiste en aprender a leer la tabla que está escrita en nuestro corazón, pues cada uno de nosotros es un libro sagrado, por eso es de vital importancia aprender a leernos a nosotros mismos, pues en nuestro corazón yacen los grandes tesoros de la sabiduría y la esencia de la Ley de Dios, por eso Él dice “¡Oh Hijo del Ser! Tu corazón es Mi morada” (Las Palabras Ocultas, Bahá’u’lláh, Parte I, 59). Pero hemos de comprender estas palabras sagradas, pues de lo contrario seremos como un caminante que se deleita en un mapa perfecto pero que se queda sentado sin andar el camino, o que camina, pero a un paso muy lento y que se distrae con cada cosa bonita que encuentra en el sendero.

      La práctica de meditación Vipassana nos ayuda a hacernos sensibles de nuestra realidad interior, a sensibilizarnos con ella, a comulgar con ella, a vivir constantemente conscientes de ella. Esto se traduce en que el meditador no solo practica sentándose y cerrando los ojos, sino que se esfuerza en permanecer constantemente consciente de lo que siente, fundamentalmente consciente de sus sensaciones o de su respiración, y consciente de la realidad de su momento presente. Aunado a esta autobservación constante, procura mantenerse ecuánime frente a cualquier experiencia, ya sea que la misma sea agradable o desagradable, observa objetivamente, como un científico, sin juzgar nada, sin interpretar nada. Este arte se va desarrollando progresivamente mediante la práctica.

       Ahora bien ¿Qué tiene que ver el párrafo anterior con lo que se dijo previamente respecto al corazón? Bueno, sencillamente que cuando estamos en ese proceso vemos lo que ocurre en nosotros cuando decimos, pensamos, o hacemos acciones incorrectas, estas acciones tienen efectos en nuestra mente y en nuestro cuerpo, tanto el uno como el otro se agitan, la mente pierde su equilibrio y en el cuerpo se producen reacciones bioquímicas que se manifiestan como sensaciones desagradables. Por ejemplo, cuando nos enojamos podemos percibir que nuestro cuerpo se calienta. Así, podemos ser testigos de la ley divina en nosotros mismos.  

    Siguiendo con el punto anterior, el emisario del corazón es aquello que sentimos, si estamos en constante contacto con ese emisario entonces estamos comulgando con La Palabra de Dios, tal cual como se manifiesta en nuestra experiencia individual, y eso nos conducirá a tener mayores probabilidades de actuar con rectitud en cada momento. Y esto es muy importante, pues ha de saberse que las escrituras sagradas son apenas un ápice de todo aquello que llamamos La Palabra de Dios, si lo comparamos a un Iceberg, lo revelado en las escrituras en el papel es como la punta, todo lo demás está más allá del lenguaje verbal.

     Así, está escrito: “Los cielos declaran la Gloria de Dios; las alturas proclaman la obra de sus manos. Día tras día brotan sus palabras y noche tras noche ellos revelan conocimiento. No hay lenguaje, no hay palabras; no se oye su voz, pero por toda la tierra ha salido su sonido, y hasta el último rincón de la tierra habitada ha salido su mensaje” (Salmo 19:1-4). Es por esto, que somos testigos de que a partir de la declaración del Báb en 1844, ha habido un crecimiento magnífico en cuanto a las ciencias y a la tecnología sin que en los escritos del Báb o Baha’u’lláh aparezca nada específico sobre estos conocimientos, obviamente los efectos de esta Dispensación trascienden a sus escritos.

      Al principio de este escrito, se dijo que la esencia del aspecto práctico de la enseñanza del Buda en su prístina pureza se extravió con el paso de los años al cese de su ministerio, dando lugar al surgimiento de sectas y prácticas que no estaban fielmente basadas en la enseñanza del Iluminado. Pero en la fe Bahá’í bien sabemos que La Palabra de Dios está protegida, y eso queda reflejado en la historia del Rey Ashoka, quien mandó emisarios a diferentes países para que enseñaran este camino de liberación, y se cuenta en esta tradición que el monje de mayor autoridad de la comunidad de Monjes (Moggaliputtatissa) profetizó que el Dhamma puro se extraviaría en todos los países salvo uno que en aquel tiempo se llamaba Tierra del Oro, hoy en día Myammar, y que 2500 años después de la conclusión del ministerio del Buda, este Dhamma resurgiría y se expandiría por toda la tierra.

      En relación a esto último, la técnica de meditación Vipassana, tal cual como la enseña S.N Goenka, ciertamente proviene de Myammar y ciertamente se ha expandido por todo el mundo. También está escrito en los edictos del Rey Ashoka, escritos en unas losas de piedra, de las cuales sobrevivieron algunas y fueron traducidas en el siglo XIX, que este Dhamma se expandiría por toda la tierra para traer felicidad al mundo. Debido a lo relatado anteriormente, considero que las enseñanzas de Bahá’u’lláh y las enseñanzas del Buda sintetizadas en la práctica de Vipassana, son como dos grandes ríos que están destinados a ser uno solo, y que una vez unidos, se convertirán en un gran río que conducirá a todo aquel que navegue en sus aguas, al océano infinito de la Divinidad.

Notas:

- La palabra Dhamma adquiere su significado de acuerdo al contexto, en el uso que se la ha dado a este escrito puede referirse a Recto Sendero.

- Para mayor información sobre la historia del Rey Ashoka y las profecías relatadas en este escrito, en youtube puede encontrarse una charla al respecto del profesor de meditación Vipassana Patrick Given-Wilson: https://www.youtube.com/watch?v=sz_wrd7CTtU

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