El refugio perfecto

 

    Hay un misterio que es indescifrable, incognoscible e innombrable, por lo tanto, nos conviene asirnos a la resignación, al sometimiento de esta Voluntad Maravillosa, que nuestros ojos no pueden ver, que nuestros oídos no pueden escuchar y nuestra piel no puede sentir. Pero que es una realidad omnipresente y plenamente accesible cuando hay cierto grado de pureza en el corazón, este es un refugio perfecto, una libertad en medio de la esclavitud, un oasis en el desierto, es la estabilidad de todo nuestro ser. En ese lugar se ha refugiado el Cristo, en ese lugar se ha refugiado el Buda, en ese lugar se ha refugiado Esteban, el primer mártir cristiano, y también Bahá’u’lláh, incontables almas han encontrado refugio en la eternidad. Y desde este lugar, llenos de júbilo, de transparencia y amor absoluto e incondicional, llaman a todos los seres, este lugar nos hace soberanos de todo cuanto hay, y por lo tanto, nos desapega de todo cuanto hay, pues no hay lugar en donde esta presencia no esté presente.

     Porque la Soberanía Eterna nos invita a su diestra, en donde no hay tristeza, ni angustia, ni placer ni dolor, únicamente una paz perfecta, es el regalo Divino, no hay nada, que pueda compararse a tal cosa, ningún placer y ninguna riqueza tiene valor alguno en frente de esta indescriptible realidad, delante de ella, todo lo demás es un infierno, un abismo y un desierto.

    “ ¡Oh hombre! Nosotros somos el Camino mencionado en el Libro de Dios –exaltado y glorificado sea Él- y somos el Tributo, somos el Ayuno, somos el Peregrinaje, somos el Mes Sagrado, somos la Ciudad Sagrada, somos la Kaaba de Dios, somos el Alquibla de Dios y somos el Semblante de Dios” (Abí-´Abdi’lláh, citado por Bahá’ulláh en la Epístola del Hijo del Lobo, p. 103).

     “…Pero, verdaderamente, la mayoría de los hombres no creen que alcanzarán la Presencia de su Señor" (La Palabra de Dios, citada por Bahá’ulláh en la Epístola del Hijo del Lobo, p.107).

     Realmente, poco se ha comprendido el significado profundo y sencillo de la palabra “Fe”, está escrito que es “la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve” (Hebreos 11:1).  Fe no es creer, fe es certeza, es el fruto de un reconocimiento de la presencia de Dios en nosotros y en todos los seres y en todas las cosas, es una espera que consiste en sufrir sin sufrir y en la aspiración de la plena libertad. Es el reconocimiento de esta Verdad en el momento presente, en una paciencia que se basa en un Amor que nos libra de todas las dudas, es nuestro único refugio.

      Y, existe la impureza en nosotros, que nos aparta de esta presencia, y no es para lamentarlo, porque esta misma Fe nos conduce a aceptarlo todo, a amarlo todo, amar el dolor, amar el placer, amar la angustia y la incertidumbre, amar el momento presente en todas sus manifestaciones, amar la oscuridad no es entregarse a ella, más bien, es la única manera de liberarse de ella, porque el Amor ilumina, y cuando el Amor enfoca hacia la la oscuridad, la oscuridad se desvanece.

     Nos corresponde entonces, cada vez que nos quedemos dorminados (la palabra anterior fue un equívoco perfecto) en los laureles de la distracción, de la rabia, de la duda, del narcisismo, de los placeres, de los dolores, de la vanagloria, y pare usted de contar. Bueno, una vez que te has dado cuenta, no sigas en ello, sacúdete el polvo y levántate, nuevamente, pues la misericordia de tu Dios es infinita, tú lo único que requieres es una Fe y un compromiso pleno con tu Libertad, puede que ese compromiso no sea pleno en la práctica, pero basta que sea una firme determinación, una declaración de Amor a Dios, una dedicación, ofrécele a Dios tu existencia entera, y él se encargará de pulirte, de limpiarte, de sanarte, de escucharte, de corregirte y de enseñarte.

    ¡Que Dios nos escuche, y ponga en nosotros pensamientos y palabras dignas de su semblante, dignas de su misterio y dignas de su más perfecta creación!

 

Comentarios

Entradas populares de este blog

La convergencia molecular en la alimentación

Conociéndome a mí mismo: un enfoque testimonial y práctico

Mente, Cuerpo y Espíritu