El sentido del humor y las cualidades divinas
Hoy en día la risa tiene un lugar muy privilegiado en
nuestra sociedad, pues sabemos por experiencia que tiene un efecto placentero,
lo cual se debe a que libera la producción de diversos neurotransmisores como
las endorfinas, la serotonina, la dopamina y la melatonina. Todos estos
neurotransmisores están asociados al bienestar, por eso se piensa que reírse es
algo bueno para la mente y el cuerpo. Sin embargo, este razonamiento por sí mismo
es falso, puesto que hay muchas drogas psicoactivas que también producen ese
efecto en nuestro cerebro, y se suele decir que las drogas son malas.
¿Interesante no? Profundicemos, podría decirse que la diferencia entre
la risa y las drogas es que la risa no nos hace daño, mientras que las drogas
psicoactivas si nos hacen daño. Pero, ¿Es esto cierto? Supongamos que yo me río
de un chiste sexista o xenófobo, en este caso ¿Es saludable la risa? Quizás en
sí misma la risa no es el problema, sino aquello que la hizo surgir, el
prejuicio. Freud decía que el chiste es una formación del inconsciente, es
decir, aquello de lo que nos reímos da cuenta de las cosas que hay ocultas en
nuestra mente.
Esto no
quiere decir que hay que reprimir la risa, eso no sirve de nada, más bien,
cuando el humor negro nos hace reír tenemos la oportunidad de ser testigos de
las impurezas que nos habitan y hacer algo al respecto para librarnos de ellas.
¿Y qué hay del humor blanco? Ese que no se basa en ofensas ni menosprecios,
pues ese humor es maravilloso, es saludable, pero es como el cilantro, es
bueno, pero no tanto. ¿Y por qué? Bueno el humor también es como el dulce,
alegra el corazón, pero cuando somos adictos a él causa desequilibrios en
nuestro cuerpo y en nuestra mente, porque hace que nos cueste mucho trabajo
tomarnos las cosas en serio, y a veces la seriedad es necesaria para
profundizar en la naturaleza de las cosas. ¿Te imaginas a un neurocirujano
abriendo un cerebro con un bisturí y riéndose al mismo tiempo?
Cuando
somos adictos al sentido del humor nos cuesta escuchar con atención o
concentrarnos, porque nuestra mente se convierte en una cazadora de chistes y
de cosas graciosas, y si bien la risa diluye la tensión, también diluye la
atención. Para profundizar en las cosas más sutiles de Dios, debemos
desarrollar la facultad de la concentración, la agudeza mental y la tolerancia
a la frustración, pero cuando somos muy bochincheros entonces nuestra mente
permanece en un estado de agitación constante.
Una
mente serena es como un lago en calma, en ella se refleja con claridad la luz
del sol en el día y la luz de la luna en la noche, pero cuando nuestra mente
permanece turbia es como un río revuelto, los reflejos del sol y la luna no
pueden verse con claridad. ¿Qué quiere decir esto? Pues en la Biblia Bahá’u’lláh
se compara al sol, y su cordero, El Báb, a la luna (véase Apocalipsis 21:23).
Para sumergirnos en las palabras que Dios nos ha regalado en esta Dispensación,
es necesario que trabajemos en hacer de nuestra mente un bisturí que rasgue los
velos más profundos de nuestro ser, de lo contrario estas palabras sagradas
serán como cáscaras vacías de efectos efímeros.
El
propósito de nuestra vida es ser un reflejo perfecto del sol de las cualidades
divinas, y la única manera de que eso llegue a ser posible es someternos a la
disciplina del Todopoderoso, obviamente, Él es el que sabe cómo eso puede
llegar a ser posible, pero a veces nuestra falta de fe es tal, que pensamos que
esto nunca llegará a ser posible, y este pensamiento es muy peligroso, es como
una semilla de frutos amargos, que nos puede llevar a la negligencia y a la
desesperanza, y que niega la Palabra de Dios, pues Jesucristo dice: “El que
demuestre fe en mí también hará las obras que yo hago. Y hará obras más
grandes” (Juan 14:12).
Para
concluir, se suele decir que hay que reírnos para ser felices, y ciertamente al
reír somos felices, no hay nada de malo en ello, pero es bueno darle un uso
prudente al sentido del humor, para que este no nos termine dominando y se
convierta en un obstáculo para el cultivo de la sabiduría que proviene de la
Palabra de Dios, la cual tiene el propósito de purificarnos a tal punto que se
cumplan en nosotros las palabras del Báb: “de Dios he venido y a Dios he de
regresar”. No importa cuán lejos veamos la meta de ser un reflejo totalmente
puro de la Divinidad, Dios ha decretado que ese es el destino de sus criaturas
¿Acaso somos nosotros más sabios que Él para negar estas palabras? Todos los
pasos que demos en esa dirección nos irán dotando de un esplendor, una gracia y
una dicha cada vez más grande. Solo el Recto Sendero le da sentido a nuestra
vida, por ello, esforcémonos cada día en cultivar rectitud en nuestra forma de
pensar, de hablar y de actuar.
Y
recordemos estas hermosas palabras que cita Abdu’l-Bahá en las Tablas del Plan
Divino: “En el gran Corán, Dios dice: “En verdad Dios es el auxiliador de los
creyentes, Él los conducirá de la oscuridad a la luz”.
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