La moralidad y los hábitos espirituales
La
moralidad es la base de la sabiduría y de la felicidad, ya que todos los seres
formamos parte de un mismo conjunto, necesariamente esto es verdadero, puesto
que la moralidad consiste en evitar realizar acciones que me perjudiquen a mi,
que perjudiquen a otros o que perjudiquen a las cosas o a la naturaleza. A su
vez, implica también hacer cosas buenas para mi, para mis semejantes, hacer
todo lo que hacemos con amor y cuidar de la naturaleza.
La base mas
profunda de la moralidad es el amor, pero cuando el amor no está firmemente
arraigado en nuestro corazón el temor puede ser útil, porque la moralidad está
basada en las leyes naturales, inexorables y eternas de Dios. Lo cual quiere
decir que seguir estas leyes nos trae felicidad y desobedecerlas nos trae
desdicha. En realidad, es imposible desobedecer las normas Divinas sin
causarnos daño a nosotros mismos, pues la ley de Dios está escrita en nuestros
corazones (Romanos 2:15). ¿Qué quiere decir esto? Es como si todos tuviéramos
un chip Divino que castiga y recompensa nuestras malas y buenas acciones.
Por
ejemplo, cuando la rabia nos domina en nuestro cuerpo se generan ciertos tipos
de sustancias que nos hacen sentir desdichados, porque nuestro organismo
interpreta que se va a producir una lucha física y se activa la hormona del
cortisol que hace que la energía se concentre en los músculos, por eso los
dolores musculares se presentan luego de haber tenido muchos momentos de
estrés. Así mismo, todas las acciones inmorales están asociadas a un tipo de
estado mental que genera efectos bioquímicos que causan malestar en nuestro
cuerpo y que debilitan nuestra mente.
En la
enseñanza del Buda, la moralidad se tipifica en cinco preceptos: no matar, no
robar, no mentir ni hablar de forma inadecuada, no tener relaciones sexuales
ilícitas y evitar intoxicantes. Algunos de estos resultan fáciles de cumplir en
algunos de sus aspectos, y otros no son tan fáciles y otros son bastantes
difíciles; lo más importante a tener en cuenta es que estos preceptos no son
dogmáticos sino más bien prácticos, lo cual quiere decir que lo más importante
es la actitud mental. Ahora, meditemos un poco en torno a estos preceptos uno
por uno. (PRIMERA PAUSA)
Ahora bien,
desde pequeños se nos han hablado de estos valores, sin embargo, es evidente
que es muy común que a las personas les cueste llevar a la práctica estos
preceptos con toda pulcritud. Y eso está
muy relacionado con los hábitos, se
ha dicho que los seres humanos somos animales de costumbres, lo que quiere
decir que en la vida de cada uno de nosotros los hábitos son muy importantes,
todos tenemos hábitos, positivos y negativos, por ejemplo, los hábitos de
higiene personal son beneficiosos, mientras que el hábito de fumar o de decir
groserías son perjudiciales. Los hábitos son como plantas, son cosas que se van
fundamentando en nuestra mente en la medida en que los vamos practicando, al
principio pueden ser difíciles y desagradables, pero progresivamente se nos van
haciendo fáciles realizarlos e incluso hasta nos apegamos a ellos. Si queremos
deshacernos de malos hábitos tenemos que sustituirlos por aquellos que son
buenos, de lo contrario, se nos hará más difícil el proceso, porque los hábitos
cumplen una función útil en nuestras vidas, de tal manera que tenemos que hacer
cambios. Por ejemplo, si tengo un carro que tiene las pastillas de frenos
desgastadas, tengo que cambiarlas por pastillas nuevas. Así mismo pasa con
nuestra mente, los malos hábitos tienen que ser sustituidos por buenos hábitos.
Hablemos
entonces de los hábitos espirituales y sus beneficios. Entre ellos encontramos
los siguientes: la oración, la meditación, el estudio de las escrituras
sagradas, el servicio y congregarse con personas de inclinación espiritual.
Analicemos entonces cada uno de estos aspectos:
- La oración:
Así como dos amigos o una pareja hablan frecuentemente y de esa manera llegan a
conocerse íntimamente, de la misma manera la oración es una herramienta por
excelencia para conocer a Dios y hacerse amigo de Él, ahora bien ¿A quién de
nosotros se le ocurriría ir a una boda con ropa sucia e inadecuada? Así mismo,
un requisito para que nuestras oraciones sean verdaderamente un acto de
comunicación con nuestro Creador es seguir sus normas, porque seguir sus normas
es lo que nos permite tener cierto grado de pureza en nuestro corazón, y a su
vez, esa pureza es lo que nos permite hablarle a Él desde el corazón. En la
biblia encontramos: “La amistad íntima
con Jehová es para quienes le temen, y él les da a conocer su pacto” (Salmo
25:14). Y también está escrito que Dios no escucha clamores vacíos (Job 35:13).
Ahora bien,
cuando tenemos hábitos dañinos e inmorales nuestra mente suele estar muy
agitada, es como un río revuelto, y todos sabemos que no es buena idea pescar
en río revuelto. Claro, para orarle a nuestro Dios no tenemos que ser la flor
de la santidad, es suficiente con que estemos haciendo un esfuerzo sincero por
agradarle y vivir con rectitud, Él mismo nos guiará continuamente para lograr
estas cosas, y la oración es un instrumento por excelencia para ello. Otra cosa
a tener en cuenta es lo siguiente:
El
verdadero adorador, mientras esté orando, debería esforzarse no tanto de pedir
a Dios que cumpla sus deseos, más bien ajustarlos y hacerlos conformarse a la
Voluntad Divina. Sólo por medio de tal actitud se puede derivar aquel
sentimiento de paz interna y contento que solo el poder de la oración puede
conferir.
En nombre de
Shoghi Effendi, Spiritual Foundation, p. 16
De tal
manera, que algo que si podemos pedirle a Dios continuamente en nuestras
oraciones es que nos ayude a cultivar las cualidades del espíritu, a saber:
amor, felicidad, paz, paciencia, amabilidad, bondad, fe, apacibilidad y
autocontrol (Gálatas 5:22). Pues es con estas cualidades que podemos hacer en
nuestra vida la Voluntad de Dios.
- La
meditación: Según la IA de
google la meditación es lo siguiente: “una práctica que consiste en entrenar la
mente y el cuerpo para enfocar la atención en algo y reducir los pensamientos y
sentimientos que distraen”. A su vez, Abdu’l-Bahá nos dice lo siguiente:
A
través de la facultad de la meditación, el ser humano alcanza la vida eterna;
mediante ella recibe el soplo del Espíritu Santo; los dones del Espíritu son
otorgados a través de la reflexión y la meditación. Durante la meditación, el
espíritu humano es informado y fortalecido; a través de ella, cosas de las
cuales éste no tenía conocimiento, se revelan ante su vista. Por medio de ella,
recibe inspiración divina; gracias a ella, recibe el alimento celestial. La
meditación es la llave que abre las puertas de los misterios. En ese estado, el
ser humano se abstrae; en esa actitud se aísla de todos los objetos que le
rodean; en este estado subjetivo se sumerge en el océano de la vida espiritual,
y puede descubrir los secretos de las cosas en sí mismas (La Sabiduría de
'Abdu'l-Bahá, # 55)
De
tal forma que no cabe duda que el hábito de la meditación es muy provechoso,
sin embargo, este hábito solo puede ser provechoso si el objeto de atención es
un signo de Dios ¿Qué quiere decir esto? Bueno, en el párrafo citado
anteriormente, en el principio Abdu’l-Bahá dice que en cada fenómeno hay un
signo de Dios, un fenómeno es algo que acontece, algo que se manifiesta, a lo
cual, yo añadiría que los signos de Dios son aquellos fenómenos que son
naturales. En la Tabla de la Sabiduría de Bahá’u’lláh, Él dice: “En su esencia, la Naturaleza es la encarnación de mi Nombre, el Hacedor,
el Creador”. Esto quiere decir que una meditación provechosa está basada en la
realidad y no en la fantasía, por ejemplo, podemos meditar en las escrituras,
ya que la Palabra de Dios es el mapa perfecto de la verdad, podemos meditar en
la naturaleza, podemos meditar en el Más Grande Nombre y también podemos meditar
en los signos interiores (la respiración, las sensaciones y en los contenidos
mentales), tal cual como se enseña en los retiros de meditación Vipassana de
S.N Goenka.
Por otro
lado, hay meditaciones que nos invitan a abstraernos de la realidad, a crear
fantasías que nos apartan del aquí y el ahora, y aunque eso puede tener un
efecto placentero temporal, si queremos progresar en los caminos de Dios es
mejor elegir aquellos objetos de meditación que estén basados en la realidad y
no en la fantasía. ¿Por qué? bueno porque la meditación fantasiosa es como
cuando alguien tiene su casa desordenada y no quiere limpiarla y ordenarla,
entonces decide pasar todo el tiempo que sea posible fuera de casa para no ver
el desorden, mientras está fuera de casa se siente bien, pero cuando está en
casa se siente agobiado. Así mismo, nuestra mente es como una casa, mientras
mas desordenada y sucia esté nuestra mente, mayor será nuestra desdicha, y he
ahí la causa por la cual a muchas personas nos les agrada la soledad, porque en
la soledad uno se queda a solas con su propia mente.
- El
estudio de las escrituras sagradas: cada uno de nosotros es como un caminante en un lugar
extranjero, es decir, hay muchas cosas que ignoramos respecto a la existencia,
por lo tanto, es útil tener un guía que sea confiable, y no hay mejor guía que la
palabra que desciende de las más sublimes alturas, imagine una persona que esté
en la cima de una montaña y que se conozca todo el camino para llegar a la
cima, evidentemente esa persona está en la mejor posición para guiar a los que
están transitando la senda y que no conocen por sí mismos todo el camino. Así
es la Palabra de los Mensajeros de Dios, las profecías y sus frutos confirman
que podemos confiar en ellos y vale más confiar en esta Palabra que en nosotros
mismos. En la biblia encontramos este consejo: “Confía en Jehová con todo tu corazón y no te apoyes en tu propio
entendimiento” (Proverbios 3:5).
El hábito
de estudiar los textos sagrados es muy provechoso, pues nos provee de un
conocimiento único y superior a cualquier clase de conocimiento, que nos ayuda
a caminar el sendero con menos tropiezos y desvíos, puesto que en este mundo
hay muchos caminos y hay mucha información, pero podemos tener plena certeza
que solo la Palabra de Dios puede guiarnos hacia la meta última. Jesús dijo: “ustedes conocerán la verdad y la verdad los
hará libre” (Juan 8:32); y también dijo en oración: “tu palabra es la verdad” (Juan 17:17). Bahá’u’lláh también nos
dice:
“La
Palabra de Dios puede ser equiparada a un árbol joven cuyas raíces han sido
plantadas en los corazones de los hombres. Os incumbe alentar su crecimiento
por medio de las aguas vivas de la sabiduría, de palabras santas y sagradas,
para que su raíz quede firmemente asentada y sus ramas se extiendan tan alto
como los cielos y aún más allá” (Tabla del Mundo).
Esto no
quiere decir que no podamos estudiar las ciencias y las filosofías humanas, que
también han tenido y tienen beneficios, solo que tener como base y prioridad el
estudio de las escrituras sagradas nos provee de una protección que ningún otro
conocimiento nos puede aportar.
- El
servicio: El servicio es una de
las grandes maravillas intangibles de la existencia, es un regalo Divino y
también un instrumento necesario para la propia liberación. Todo servicio que
es realizado con intención correcta y la causa correcta es servicio a Dios, por
ejemplo, cuando cuidamos nuestro cuerpo dándole buen alimento nos servimos a
nosotros mismos y le servimos a Dios, porque nuestro cuerpo es el templo del
Espíritu Santo (1 Corintios 6:19); igualmente pasa cuando le damos el buen
alimento a nuestra mente de la oración, el estudio y la meditación.
A su vez,
cuando servimos a nuestros semejantes, podemos ser testigos de estas palabras
de Bahá’u’lláh: “Sois los frutos de un solo árbol y las hojas de una misma rama”;
puesto que el servicio a los demás nos hace sentir bien, porque es como cuando
sembramos en nuestro jardín flores hermosas, nosotros las cuidamos a ellas nos
deleitan a nosotros, así mismo, el servicio engalana nuestra mente y purifica
nuestro corazón. Servir es una laboral imprescindible para progresar en los
caminos de Dios, no existe ni la menor posibilidad de liberarse de las cadenas
del sufrimiento sin ayudar a los demás a liberarse de sus propias cadenas. En
una ocasión escuche esta frase: “la vida es una herida que se sana sanando la
herida de tu hermano”.
Sin
embargo, el servicio por sí mismo no es suficiente, así como en una máquina,
todos los engranajes deben estar bien ajustados, los aspectos anteriores que
hemos estudiados son la base de un servicio provechoso, porque nos permiten
cultivar una mente clara y un corazón puro, porque un ciego no puede guiar a
otro ciego.
Hay muchas
formas de servir y todas las formas de servicio a una buena causa son
provechosos. Empero, hay un servicio que es el rey de todas las formas de
servicio, a saber, participar en la enseñanza de la Causa de Dios. Abdu’l-Bahá
nos dice “…sabed con certeza que todo
aquél que se levante en este día para difundir las fragancias divinas será
confirmado por las cohortes de los Reinos de Dios y rodeado por las dádivas y
los favores de la bendita perfección” (Tablas del Plan Divino). Cuando uno
colabora con la transmisión de la educación Divina recibe maravillosas
bendiciones y la mayor de ellas es la paz del Espíritu Santo, puesto que cuando
servimos en esta Causa nos hacemos mediadores del Espíritu, y eso hace que las
aguas de nuestro ser se serenen. Ahora bien, estos beneficios solo se obtienen
cuando no esperamos beneficios, sino más bien, cuando realizamos nuestra labor
desde el amor y la fe. Enseñar la Causa de Dios es un fenómeno natural, es como
cuando una copa está rebozada y necesita que mas copas se acerquen a ella para
que el agua no se desperdicie. Así mismo, el Amor de Dios se derrama sobre la
persona y esta procura que ese Amor también llegue otros.
Bahá’u’lláh
nos dice: “Quienquiera se levante, entre vosotros, para
enseñar la Causa de su Señor, que ante todo, se enseñe a sí mismo, para que sus
palabras atraigan los corazones de los que le escuchan. A menos que se enseñe a
sí mismo, las palabras de su boca no influirán sobre el corazón del buscador.
Tened cuidado, oh pueblo, de ser de aquellos que dan buenos consejos a otros,
pero olvidan seguirlos ellos mismos” (Tablas del Plan Divino).
-
Congregarse con personas de inclinación espiritual: en la biblia dice: “…estemos pendientes unos de otros para motivarnos a mostrar amor y
hacer buenas obras, sin dejar de reunirnos, como algunos tienen por costumbre”
(Hebreos 10:25). En el Sendero de Dios, es muy importante reunirse para
compartir, estudiar y meditar juntos. Cuando hacemos esto, recargamos nuestra
batería espiritual, aprendemos de las experiencias de nuestros hermanos,
recibimos respuesta a nuestras oraciones, fortalecemos nuestro conocimiento y
pulimos nuestras cualidades.
Cada uno de
nosotros debe esforzarse en cuidar este hábito, puesto que el aislamiento puede
hacer que nos debilitemos espiritualmente, que nos volvamos apáticos, que
perdamos la empatía y que nuestra fe se vuelva un cascarón vacío. Ciertamente
es bueno tener momentos de soledad, pues en la soledad es que podemos
profundizar en nuestra realidad interior, por eso es común que los grandes
Maestros de la humanidad hayan pasado por procesos de soledad y aislamiento.
Pero, la verdad es que los seres humanos somos gregarios por naturaleza,
nuestra evolución espiritual depende de ello, y nuestra mente necesita del roce
con los demás. El tema es que cuando no buscamos la compañía de personas que
estén en los caminos de Dios, entonces generaremos la tendencia a cultivar
compañías con las ovejas apartadas, y eso a su vez, puede apartarnos a
nosotros.
A veces
ocurre, que hay comunidades de amigos espirituales que están debilitadas, en
donde las cualidades del espíritu están opacadas por una u otra razón y esto
engendra desmotivación. Sin embargo, si estamos pasando por una situación así o
llegamos a pasar por ella, en vez de hacerle eco a la desmotivación, cada uno
de nosotros debe ser una luz en la oscuridad. Eso empieza por cultivar la
tolerancia, porque estar en un entorno en donde la brisa del Espíritu Santo no
sopla en las proporciones saludables, puede ser ingrato o desagradable.
Pensemos en las Manifestaciones de Dios, muchos de ellos sufrieron a causa de
estas razones, pero ninguno de ellos retrocedió a causa de la apatía, la
impureza o la falta de fe de muchos.
Si
mantenemos la llama viva de Dios en nuestro ser, llevando una vida moralmente
correcta, manteniendo y cultivando buenos hábitos espirituales y apartándonos
de las distracciones vacías del mundo y de las malas compañías, estaremos
entonces cumpliendo con la exhortación del Báb:
“¡Oh Mis amados amigos! Sois
los portadores del nombre de Dios en este Día. Habéis sido escogidos como los
depositarios de Su misterio. Es menester que cada uno de vosotros manifieste
los atributos de Dios y que ejemplifique de obra y palabra los signos de Su
rectitud, poder y gloria. Los propios miembros de vuestro cuerpo deben dar fe
de vuestra altura de miras, de la integridad de vuestra vida, de la realidad de
vuestra fe y del carácter exaltado de vuestra devoción.”
Allá’u’Abhá
Comentarios
Publicar un comentario