¿Quiénes somos y para qué existimos?
Hay un dicho muy popular que dice: “Éramos felices y no lo sabíamos”. En la biblia se nos dice que “hay un solo Dios, de quien vienen todas las cosas y para quien existimos nosotros” (1 Corintios 8:6). Entonces, esto quiere decir dos cosas, que todas las cosas, antes de existir, eran una con Dios, y lo siguiente es que en todas las cosas hay una partícula divina. De forma tal, que usted y yo antes de existir éramos uno con Dios, y además que en usted y yo hay una chispa divina.
Ahora bien.
¿Para qué nos separamos de Dios? ¿Para que llegaron a existir todas las cosas?
Bueno esa respuesta la podemos deducir a partir de algo que encontramos en la
biblia, la primera es que fuimos creados a imagen y semejanza de Dios (Génesis
1:27), la segunda es que todo lo que existe da testimonio acerca de él, por
ejemplo, si usted se fija en las obras de la naturaleza, encontrará que no hay ninguna
cosa que sea exactamente igual a otra, ninguna hoja de un árbol es exactamente
igual a otra, ningún copo de nieve es exactamente igual a otro, ninguna persona
es exactamente igual a otra, eso nos permite ver el poder infinito del Creador
y que todas sus obras son únicas y especiales.
Sigamos, en
el caso de Jesucristo, está escrito que el es la imagen de Dios, la
representación exacta de su mismísimo ser (Hebreos 1:3). Entonces, si todo lo
que existe es un reflejo de Dios podemos de decir que el propósito de la
creación es que Dios se conozca a sí mismo. Pues si lo creado es el reflejo del
Creador entonces la creación es como un espejo. Ahora bien, surge esta pregunta,
¿Y es que Dios no se conocía a sí mismo? Volvamos a la frase inicial “Éramos
felices y no lo sabíamos”, sin oscuridad no puede conocerse la luz, sin
imperfección no puede conocerse la perfección, sin desdicha no puede conocerse
la felicidad, sin mal no puede conocerse el bien, si un espejo no tiene un
fondo oscuro la persona no puede verse a sí misma. Fíjese en lo que está
escrito en Isaías 45:7 “Yo formo la luz y creo la oscuridad, hago la paz y creo
la calamidad; yo, Jehová, hago todas estas cosas”.
¿Qué
interesante no? Ahora bien ¿Pero porque Dios hizo o hace eso? El asunto es que conociendo esta verdad ya no
le podemos echar la culpa a nadie de nada, nosotros mismos, siendo Dios antes
de existir, decidimos separarnos de nosotros mismos con la intención de
conocernos, lo cual solo es una forma de decir las cosas, porque Dios es uno
solo, es decir, usted y yo somos uno, Dios y usted son uno, Dios y yo somos
uno. Claro, esto es en la esencia de nuestro ser, puesto que mientras tengamos,
aunque sea un ápice de oscuridad en nuestro corazón no podemos ser uno en todo
sentido, con el Padre. Porque la luz no se mezcla con la oscuridad, porque la
oscuridad no es real, es el efecto de la contracción de la luz.
Eso fue lo
que nos vino a enseñar Jesús, pues él dijo: “El Padre y yo somos uno” (Juan
10:30). Fíjese en esta hermosa oración de Jesús: “No te pido solo por ellos,
sino también por los que pongan su fe en mi gracias a las palabras de ellos,
para que todos ellos sean uno. Tal como tu Padre, estas en unión conmigo y yo
estoy en unión contigo, que ellos también estén en unión con nosotros; así el
mundo creerá que tú me enviaste.” (Juan 17:21).
De tal
manera, que podemos decir que existimos para conocernos a nosotros mismos y una
vez que la obra haya sido realizada, volveremos a nuestro estado eterno y
primigenio, luz eterna, porque Dios es luz (1 Juan 1:15). En todos nosotros hay
una luz maravillosa, nuestro trabajo es permitir que brille cada vez más hasta
que sea pleno día en todo nuestro ser y no quede ni un ápice de oscuridad, de
ignorancia. Volver a ser la pureza de la cual procedemos y a la cual hemos de
ir. Jesús dijo: “El que beba del agua que yo daré se convertirá dentro de él en
un manantial que brotará para dar vida eterna” (Juan 4:14).
Jesús nos
enseñó la manera de vivir para regresar a la luz, y también para ser una luz en
la oscuridad, él mismo, fue perfeccionado con su forma de vivir, hizo la
voluntad del Padre constantemente, sirvió a los demás y soportó un gran
sufrimiento a causa de nosotros y a causa de sí mismo, a fin de mostrarnos la
luz de la vida. Cada persona se encuentra en una situación diferente y solo esa
luz que brilla en lo profundo de su ser, la cual es Dios mismo, sabe lo que
cada uno ha de hacer para cumplir la obra.
Permítame algunas sugerencias: ore
constantemente desde el corazón y tenga
plena certeza de que está siendo escuchado, no
ponga su fe en las cosas de la oscuridad, haga siempre su mejor esfuerzo
para ser un reflejo del Padre, su imagen y su semejanza. Y por último, esté
atento a las respuestas que él le dará, porque le aseguro que todas las
peticiones que salen del corazón y están en armonía con la voluntad de Dios son
escuchadas y respondidas.
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